
Un vecino nuevo en el barrio. Trabaja de lunes a viernes, desde las ocho de la mañana hasta al mediodía. Luego visita a su hija enferma y por las noches acude a la iglesia evangélica: un tipo tranquilo, que no crea problemas. Muchos en su entorno desconocen que ese cuarentón amable -que identificaremos como J.P.- debe reportarse con un oficial de probatoria cada semana y tiene prohibido trabajar en colegios, escuelas y en otros sitios donde acudan personas menores de edad. Tampoco le permiten visitar el barrio de la ciudad donde vive la persona de la que, según la justicia, abusó. J.P. está en libertad condicional, luego de cumplir ocho años de cárcel por violación sexual. A su caso se le da seguimiento a través de un proyecto piloto que trata de rehabilitar a las personas favorecidas con esta gracia por el juez de ejecución de la pena.



